
Suele decirse que la parashá es un espejo de las vivencias de la semana, desde las personales hasta las mundiales.
Yo puedo dar fe de ello, al menos esta semana en particular porque, desde hace algunos días una marea de profunda tristeza golpea constantemente mi alma.
Por momentos el océano de una especie de vacío y, no me avergüenza decirlo, desesperanza, me inundan el pecho y he tenido que apartarme ocasionalmente para llorar un poco, intentando drenar esta mezcla de sentimientos que no puedo contener.
Por supuesto que nada sucede por casualidad.
Me desahogué con Eliav y le conté que, estoy viviendo varios duelos simultáneos, de etapas que se están terminando y con ellas, vivencias, costumbres y hábitos que alcanzan aún a ser fuente de alegría y sensación de plenitud tal que, hasta ahora daba por hecho y quizá, hasta pretenciosamente llegué a pensar que serían eternas.
Pero inevitablemente, el tiempo sigue avanzando incluso mientras escribo estas líneas y también mientras las lees sin importar el día y la hora en que está ocurriendo.
Y así como tantas veces canté a voz en cuello con Jorge Drexler mientras estaba…
“𝄞 …oyendo el tiempo caer
En los relojes de arena.
Mirando un instante partir
Y otro llegar…♪”
Ahora me toca experimentar en carne propia y con cierto aire de nostalgia adelantada, ese constante partir y llegar de instantes acumulados que se han hecho años y ya toman de la mano lo que tiene que irse retirando y con ellos, el anhelo aquello que no pudo ser y que dolorosamente, debo aceptar: que ya no será.
Probablemente la aguda punzada de este segundo tipo de duelo es el responsable de la mayor parte del dolor emocional que hoy está llegándome al cuello.
Si bien tengo presente y me aferro constantemente en todos los aspectos de mi vida a lo dicho por Rabí Najman de Breslev que “Todo es para bien”, esto no anula ni me hace inmune a experimentar dolor y otras emociones con las que naturalmente los seres humanos debemos lidiar.
El punto álgido de mi diluvio personal
Y llegó ese momento, el punto máximo de dolor…el agua lo cubrió todo y apenas podía sostener la respiración.
El sábado pasado tuve el pico más alto de dolor en el alma, contuve las lágrimas durante mi consulta dental y pude notar que el dolor emocional era tan fuerte que opacaba totalmente las posibles molestias de una limpieza con el taladro.
Ni siquiera tuve que recurrir a la técnica para bajar el estrés que he venido aplicando en mi tratamiento de limpieza y resinas.
En cierto punto de la limpieza, la doctora Giacomo se detuvo y me preguntó “¿le molesta o duele?” yo simplemente indiqué que no, moviendo con apenas pocas fuerzas mi dedo índice de izquierda a derecha.
Cuando finalmente estuve en su escritorio y me mostraba fotos explicándome lo que habíamos trabajado esa tarde, me dijo que la limpieza de esa muela fue muy profunda, casi llegando al nervio y por eso ella misma fue quién se detuvo a preguntarme si dolía.
La verdad es que no sentí ni el más tímido asomo de molestia o dolor físico, mi alma tenía cautivo todo el dolor que podría haberse sentido en todos los planos existentes.
¿Por qué Dios envió un diluvio?
Los sabios dicen que la razón por la que Hashem reseteó la tierra con un diluvio y no de otras formas, fue para purificarla de la maldad, violencia y corrupción con que la humanidad se había degradado a si misma y al planeta.
¿Por qué destruir el mundo con agua?
En la literatura sagrada el número 40 está fuertemente ligado a periodos de purificación, en el caso del diluvio, el agua cayó durante 40 días y 40 noches.
Encontramos también en las leyes rituales de la Torá, que una persona impura que quería purificarse, era mandada a sumergirse en agua, que en el judaismo se conoce como una mikvé.
Una mikvé para efectivamente purificar, debía contener 40 seá de agua, seá es una unidad de medida que se usaba en aquel entonces (40 seá son aproximadamente 450 litros).
El aguacero de mi angustía cesó y las aguas de dolor fueron retrocediendo…
Luego del clímax de profunda tristeza y empezar de a poquito a aceptar que los duelos que estoy viviendo son necesarios. El domingo por la mañana luego de una noche de profundo sueño que fue desvaneciendo las lágrimas, vino una especie de calma, de serenidad y un asomo de aceptación.
Aún dolía, y aún duele mientras escribo estas líneas, pero ya no me derrumba y el llanto cesó, es como… una sensación de aguas calmas.
Mientras leía la porción del domingo de parashá Noáj con referencias y explicaciones, pensaba en el paralelismo con lo que estoy experimentando.
El dolor fue creciendo durante varios días hasta llegar a explotar en ese diluvio de profunda tristeza que llegó a su pico más alto y al mismo tiempo me llevó a tocar fondo.
Y si, las lágrimas finales de aquella noche me purificaron y aclararon la visión:
Al igual que el diluvio en la generación de Noé vino para arrasar y arrancar lo que ya no debía ser, y dar paso a una nueva etapa, este golpe de realidad vino a despertarme a lo nuevo que está por venir.
Y al igual que restableció su configuración de fábrica dando paso a la oportunidad de comenzar de nuevo, con el backup de la humanidad y animales que fueron protegidos dentro del arca:
Esta necesaria sacudida que recibí es un ¡Despierta y alégrate Nidia, lo anterior ya pasó y vienen nuevas y emocionantes etapas.
¿Significa que no debí estar triste?
No. La tristeza también forma parte de la vida y del duelo. No se trata de prohibirla ni de exigirnos superarla de inmediato, sino de permitirnos sentirla sin quedarnos atrapados para siempre en ella.
Los duelos son necesarios y saludables
En la Torá hay leyes de duelo1 , y esas leyes incluyen tiempos establecidos que marcan un inicio y un fin.
Lo que me duele perder y daba por hecho, estoy reconociéndolo y dando gracias en hitbodedut2 a Hashem por cada detalle, debí dar las gracias hace mucho:
¡Son muchas bendiciones y yo he sido insensible al no reconocer abiertamente que son obsequios no merecidos!
Respecto al luto por aquello que anhelaba, y cierta parte de mi aún anhela… que no fue y no será:
Estoy dando gracias también por ello, estoy reconciliándome con esta realidad como un hecho y, empezando a entender en mi alma (porque en mi intelecto lo entiendo perfectamente) y en mis emociones que si fuera para mi bien, Dios lo permitiría.
Hashem, Dios nos supervisa de forma individual y en Su amor, permite solo aquello que es necesario para cumplir la misión que cada uno de nosotros tiene asignada; asi como la corrección que cada una de nuestras alma vino a hacer a este mundo3.
No es saludable estacionarse indefinidamente en esa pérdida…
Dejar ir lo que no será es la única manera de empezar a ver lo que si está sucediendo y prepararse para lo que está por venir
Luego del luto: limpia tus lágrimas, levántate y sigue caminando, sin dejar de honrar lo que fue.
El Diluvio de Noaj y el mío han venido a ser un parteaguas, el dolor que demanda ya tuvo su parte en mi y el llanto ya lavó y purificó lo que debía.
Gracias Hashem por lo que está terminando y en Tu misericordia aún me concedes experimentar, gracias por lo que no fue, es momento de levantarse y seguir caminando.
Gracias por esperarme, ya he secado las últimas lágrimas con el alivio que provocaron.
Gracias por lo que está comenzando y por todo lo que vendrá: que pueda disfrutarlo con sus alegrías y sus sinsabores que son parte del camino en la vida ¡De Vivir! y que siempre pueda agradecerte.
Terminó el Diluvio, empecemos a escribir la siguiente página de la historia…
- Duelo familiar: Por el fallecimiento de parientes directos. Duelo nacional: Por la destrucción de Los Templos y el exilio. Duelo por la caida o profanación de un rollo sagrado. ↩︎
- Oración personal, con mis propias palabras… una conversación a solas con Dios. En el judaismo se conoce como Hitbodedut. ↩︎
- Tikun ↩︎