
El flashback de aquella imborrable mañana se asomó en mis pensamientos leyendo Parashá con Rashi este martes previo a empezar la jornada laboral.
Mantuve unos segundos el sorbo de café negro en mi boca mirando como Adam y Javá se hundian cada vez más en el capítulo 3 del Génesis… ¡Alguién tápeles la boca por favor!.
Fue cuando intentaron resolver por su cuenta el problemón en que se metieron, que vino a mi mente aquella mañana…era mi primer día, en mi primer trabajo, un mes después de salir de universidad.
Técnicamente eran mis prácticas profesionales, pero lo considero mi primer trabajo por varias razones:
Una multinacional de clase mundial referente en su rubro, la “ayuda económica” era un muy buen ingreso quincenal depositado en una cuenta bancaria que la misma empresa tramitó, su convenio con el banco incluía – entre otros – cajeros automáticos dentro de la misma y a unos pasos de mi oficina (Si, 😎 tenía oficina en mis prácticas profesionales ¡¡Dios es bueno!!)
Este ingreso era más o menos lo que otros compañeros de mi generación estaban pecibiendo en empleos formales y básicamente estaba experimentando en la práctica lo que Mónica, mi mejor amiga desde la universidad, estaba aprendiendo en la mestría que tomó para titularse, me di cuenta de ello cuando saliamos y me hablaba entusiasmada sus maestros y sus clases.
Cada quincena (o cuando quisieramos) los practicantes sacabamos dinero de forma segura sin salir de la empresa en los mismos cajeros donde ejecutivos, administrativos y personal sindicalizado coincidian para el mismo fin, sin importar la hora.
Además que luego de terminar mi periodo de prácticas y titularme, me contrataron formalmente y ahí estuve por algunos años:
¿No crees que eso amerita que lo haya considerado mi primer trabajo desde entonces 🤨?
Bueno, a todo lo anterior, súmale que la exigencia para los practicantes no era para nada menor que la de los empleados (¡La de anécdotas y aventuras drama-tragicómicas que tengo de aquellos años! jajajajajaja)
Y es justo y a propósito de dicha exigencia, que el recuerdo de aquella mañana vino a visitarme mientras acompañaba con un café a Adán y Eva en su primer regaño con El Patrón del mundo.
Mientras los veía intentando arreglar “por su cuenta” la regazón que hicieron, cosiendo hojas de higuera al darse cuenta de su desnudez 😳, escondiéndose, pasándose la bolita…😣 me recordé a mi misma sentada frente a mi jefe en su escritorio.
Si, la primera vez que me leyeron la Cartilla, en mi primer día, de mi primer trabajo.
Fue en una pausa entre los cursos de inducción, recorrido por la planta, Misión, Visión, Valores, Políticas y todo el show de RH y áreas participantes, que mi jefe me mandó a llamar para que platicaramos.
Me comentó algunas cosas muy específicas del departamento, de cómo le gustaba trabajar a él, me preguntó como me sentía, mis expectativas, etc.
Todo muy cordial hasta ahi. Si, hasta ahí.
Spoiler: Ahora si viene lo chido…
De repente su voz ya era de hombre ¡Hombre!, sus mejillas color café con leche cambiaron a rojas, su entonación era firme y enérgica y, ahora procederé a parrafrasear lo que me dijo:
“
Nidia, lo que voy a advertirte ahora es delicado y puede ser causa de baja directa, ponme mucha atención:
Cuando cometas un error, NO ES el error en si lo que te meterá en problemas conmigo, si no lo que hagas después de equivocate.
Si una vez que te das cuenta que te equivocaste vienes inmediatamente a decirmelo a mi, vamos a estar bien.
Pero si me ocultas fallas delicadas e intentas resolverlo sin que yo me entere, no pienses que no me enteraré, me voy a enterar y ese será tu último día en esta empresa.
¿Está claro?
“
Asentí con la cabeza pero, mi expresión era de evidente desconcierto…
Entonces me explicó el racional de esta advertencia ¡y ahí está la clave del error de Adam y Javá!
Ahí me hizo clic la parashá de la semana, mientras aún tenía el café trajinando en mi paladar.
No fue su desobediencia lo que nos expulsó del paraíso.
Hashem y mi jefe sabían perfectamente que las personas nos equivocamos, eso no estaba en juego, eventualmente sucedería, con la misma seguridad que a la tormenta le sigue la calma.
La explicación de esta “regla no escrita” de mi jefe, es la misma clave de por qué ellos fueron expulsados del paraíso y a mí me darían de baja.
Y esto es lo que mi jefe me dijo:
“
Yo puedo perdonar el error incluso entenderlo y olvidarlo.
Lo que no perdono y me es insoportable, es estar en una junta directiva y que me “agarren de sorpresa” o que mi jefe me mande llamar y me cuestione de un problema del que no tengo conocimiento.
El mundo corporativo, no es como la universidad.
Es una competencia salvaje, pero diplomática, en la que nadie pierde oportunidad de señalar “accidentalmente” tus errores y amplificarlos.
“
Lo que mi jefe quiso decir, según mi entendimiento, es que los otros gerentes se le barrian de tarjeta roja pero poniendo cara de inocencia ante el árbitro y él en el suelo.
Yo luego entendí por qué todos buscaban hacerle faltas a mi jefe, el tipo tenía carisma y proyectos que sobresalían a nivel nacional. Lo que ponía al jefe de mi jefe en el mapa y la conversación interplantas y eventos corporativos.
¡Por supuesto que sus colegas querían embarrarle un poco del lodo de la cancha en la cara!
Ya Ogilvy había descrito esta dinámica en 1963, en su libro “Confesiones de un publicitario” donde explica que los redactores y directores de arte, los creativos; suelen ser personas inseguras que necesitan validación constante.
Y que se comportaban con sus directores como niños pequeños buscando la aprobación de sus padres, mostrándoles su último dibujo esperando una palmadita en la espalda.
Yo no estaba en una agencia publicitaria, que es el escenario que descibe Ogilvy, y justo por eso puedo dar fe que esta dinámica no es exclusiva de dicho rubro y, estoy segura que también tu lo has comprobando sin importar el giro en el que trabajas.
Añado a lo dicho por Ogilvy, que no solo buscan la validación de sus directores, también buscan encarnizada, pero diplomaticamente 🧐🍸, evidenciar al que sobresale todo el tiempo.
Y esto no solo que nos lo advirtió a cada integrante de su equipo:
¡Era su secreto para mostrarse siempre seguro y con todo bajo control todo el tiempo!
Hoy, mirando hacia atrás puedo reconocer que su aura, su vibra, era tipo Harvey Specter y todos los demás eran Louis Litt.
Y ahora seguramente te estarás preguntando igual que yo en ese momento al otro lado del escritorio:
¿De que rayos le servía saber los errores de su equipo de inmediato si de todas formas el mal ya estaba hecho?
Pues aquí viene la parte final de su explicación, aquí está la clave y ahí entendí que era tan astuto (lo digo con nostalgica admiración) que los mismos errores de su departamento, de su equipo, catapultaban cada vez más el nivel de su imagen ante su jefe y ante todo el corporativo a nivel nacional.
Y en sus palabras finales de aquella memorable mañana, está la médula de esta escena de la parashá de esta semana: Bereshit.
Fíjate en estos dos escenarios y piensa en el efecto de su imagen ante el jefe y ante todos:
Escenario A: Desenmascarando al impostor.
En este escenario ocurriría lo que me advirtió, sería causa de roja directa, y el deseo supremo de sus colegas:
- Traspapelas documentos impresos con información ultra confidencial de dos áreas distintas y te das cuenta después de enviarlos.
- Entras en pánico y vas corriendo a intentar recuperarlos y ordenarlos.
- Las asistentes de cada gerencia involucrada te preguntan cada una ¿Qué necesitas revisar? la situación se vuelve ruidosa o peor aún…
- Eres tan inocente que les explicas CONFIDENCIALMENTE y le pides a cada una que te eche la mano, para que no tengas problemas.
Ya sea que tu interés por recuperar la información se vuelva escandalosa o que te apoyen “confidencialmente” a recuperarla y ordenarla (jajaja si ¡como no!) Esto va a escalar a sus gerentes…¡y a media planta!
Es información valiosa, jugosa, moneda de cambio, lashón hará suculento…
- Todo el mundo se entera menos tu jefe y en una junta corporativa ¡le clavan el puñal por la espalda!
- Tu jefe queda como un looser y por fin demuestran ante el super boss que es un impostor imperfecto como todos y, su reputación de Genio/Capo/El Mero Mero Fregón: queda en el suelo.
- Te despide ¡Game Over! 🙃
Escenario B: Pero sigo siendo el rey
Este es el escenario que mi jefe ejecutaba con perfecta maestría al leernos cartilla a cada uno de sus subordinados apenas llegábamos a la empresa y que lo mantenía en su estatus de Harvey Specter.
- Traspapelas documentos impresos con información ultra delicada de dos áreas distintas y te das cuenta después de enviarlos.
- Vas de inmediato a ver al jefe y “confesarle tu pecado”
- Él mismo marca a las áreas involucradas e informa que va en camino una persona a recoger el sobre, sin explicaciones: tiene la autoridad para hacerlo.
- Las asistentes lo entregan al mensajero sin mayor objeción ¿acaso van a cuestionar al gerente “estrella”?
La información se recupera, te un jalón de orejas y te envia a ordenar y revisar todo.
- La llamada directa si hizo ruido y algo sospechan, lo cuestionan en la junta frente al super boss.
- Tu jefe, con su aura de Harvey Specter les dice que recibió una llamada del corporativo luego de enviar la información, y le pideron rectificar ciertos datos por razones confidenciales que no está autorizado a compartir. Y que todo está bajo control, como siempre.
- Tu jefe vuelve a quedar como héroe cada vez que los demás intentan hundirlo, siempre seguro, inamovible, cool… ya me entiendes y, tú estás en el equipo del mero mero fregón 💪
Ahora, regresando a Adán y Eva, repito: no fueron expulsados por su desobediencia.
Dios sabía perfectamente que iban a pecar porque somos humanos, Él nos hizo imperfectos y con libre albedrío.
Mira todas las pistas de la escena:
Al darse cuenta que Dios venia, se escondieron y Dios les pregunta a Adam “¿Dónde estás?” (Génesis 3:9).
Ahora detente y piensa ¿Dios en verdad no sabía dónde estaba Adam? ¡Dios sabe todo! Él estaba dándole pié a conversar.
Luego, cuando Adam comienza regarla cada vez más, le dice que se escondió porque estaba desnudo y Dios pregunta “¿Quién te dijo que estabas desnudo?” (Génesis 3:11)
Otra vez ¿Crees que Dios no sabía por que Adam estaba ya conciente de su desnudez? ¿en verdad necesitaba preguntárselo?
No!, estaba dándole la oportunidad de confesar, de arreglar las cosas.
Y no fue sino hasta que empezaron a echarse la bolita entre ellos:
“Fue la mujer, fue la serpiente, fueron los ovnis, ñaña ñaña 🤪”
Que Dios finalmente los expulsa del paraiso (y a nosotros, por arastre, también 😒).
¿Vez lo que está sucediendo? todo un desastre por intentar arreglar las cosas por su cuenta y, justo como me jefe me advirtió aquella mañana, “aunque lo ocultes, me voy a enterar”
Dios no “se enteró” ¡Él sabía! y ese, fue el último día de Adam y Javá en el paraíso… despido inmediato ¡roja directa!
Antes de llegar a la conclusión, es importante que tengamos claro que:
A diferencia de mi jefe, a Hashem NADIE lo toma desprevenido.
Hashem no “necesita” mantener ninguna imagen ante nadie: El es el Patrón del mundo.
El Yetzer hará, la serpiente, el Satán: es su empleado y sirve a los propósitos Divinos y nuestro crecimiento personal.
Una de las funciones del Satán es ser como un “fiscal del tribunal celestial” y el “acusado” somos tú y yo.
Imagina que al escuchar a Hashem en el jardín, en lugar de esconderse…
Adam hubiera salido corriendo a encontrarse con Él y confesarle que está asustado porque está desnudo y admitir “¡porque comí del árbol que me prohibiste comer y no se que hacer! ayúdame”
Pero por su puesto que la historia hoy sería otra, Dios no es un policía, es nuestro Creador y el ser humano es ¡la cúspide de la creación!.
Creó todo el mundo maravilloso para nosotros porque NOS AMA.
Tan solo observa que, después del error de Adán y Javá y de dictar sentencia: dolor en el parto, comer con el sudor de la frente, etc.
El relato nos acaricia con la compasión de un Padre que a pesar del error, sigue protegiendo con tierno cuidado de ellos:
“Dios hizo prendas de vestir de piel para Adam y su esposa y los cubrió.” (Génesis 3:21)
No los dejó “a su suerte” con sus hojas de higuera, ni les dio instrucciones de “como cubrirse”, No:
El mismo hizo las prendas para ambos y los cubrió… Es un papá al que llamaron de la escuela al suspender a su hijo por travieso, se disgusta y lo disciplina pero, al final del día va arroparlo para dormir.
Este martes leyendo parasha Bereshit, me hizo clic con “La primera vez que me leyeron la cartilla” y entendí…
No te escondas de Dios al caer en una transgresión, no intentes “arreglar por tu cuenta” las cosas, eso solo va a provocar hundirte más y más como Adán y Eva.
Este martes leyendo parasha Bereshit, me hizo clic con “La primera vez que me leyeron la cartilla” y entendí, que si corro a los pies de Hashem y le confieso lo que hice, le cuento por qué pasó y como me siento y por qué caí: Él seguramente me va a disciplinar pero me va a perdonar y me va a ayudar porque me ama y ama que yo busque Su compañía, Su Presencia.
Y cuando venga el Satán, el fiscal del tribunal celestial a señalarme con su dedo acusador, encontrará a Hashem acariciando mi cabello mientras estoy a sus pies y Hashem le dira:
“Lo sé, me lo dijo ella misma y estamos arreglando las cosas como Padre e hija, no necesitamos un fiscal, cierra la puerta cuando salgas por favor.”
P. D. Recordé ahora una escena de Betty la Fea, que refuerza lo que mi jefe me advirtió y el mensaje de Génesis 3 en Parasha Bereshit:
Armando está a punto de entrar a una junta donde Daniel Valencia va a exponerlo con una grabación telefónica que incrimina a Betty aceptando un soborno de Rag Tela. Esa jugada maestra le quitaría la presidencia de ECOMODA Armando.
Pero segundos antes de la junta, Betty “se confiesa” con Armando y le dice abiertamente que estuvo tentada a aceptar un soborno de Rag Tela, le cuenta angustiada que su familia está pasando por problemas económicos, que eso nubló su juicio e incluso le dio instrucciones a Miguel Robles para “girarle la plata” pero, finalmente recapacitó y no va a faltar a sus principios y la confianza que depositaron en ella y presenta su renuncia.
Armando entiendo el momento de debilidad humana de Betty y al entrar a la junta enterado de todo, se muestra seguro y dueño de la situación, él y Marcela defienden a Betty y Daniel Valencia sale con la cola entre las patas.