Aquello que pensamos que va a hundinos, a menudo viene salvarnos
Esta semana se lee la porción de Noé (parashá Noaj) y recordamos al rededor del mundo el reinicio forzoso que Dios hizo a la Creación.
Recién la semana pasada leimos como con 10 comandos o sentencias de código, hizo la Creación ¡una perfecta ejecución de código!
Y ahora, cual PC infectada o disco duro corrupto, hubo que formatear la tierra pues “El mundo era corrupto ante Dios, y la tierra estaba colmada de crimen”, si, “Dios vio el mundo, y estaba corrompido. ” (Génesis 6:11 y 12).
Solo respaldó en una carpeta la información importante, que en este caso significa que resguardó en el arca a Noé, su familia y todas las especies de animales para poder “arrancar” de nuevo una vez que que la tierra estuvo limpia.
Estos días pensaba en Noé y como me identifiqué con él después de mi crisis existencial e incluso aún lo hago cuando me invade la tristeza de la nada o el estrés y la frustración paracen querer rebasarme…
La Biblia cuenta que al salir del arca ofreció sacrificios a Dios en gratitud por salvarlo a él y su familia y Dios hizo un pacto en el cuál prometió nunca más destruir el mundo con un diluvio, la señal de ese pacto es el arcoiris.
Bueno, una vez que la “la libraste” cualquiera pensaría que seguirías feliz con tu vida pero no, las emociones humanas son complejas…
Después de “librarla” Noé plantó una viña, hizo vino y se emborrachó, lo que desencadenó consecuencias terribles que afectaron una vez más el curso de la historia y que nos alcanzan hasta hoy pero, no es de ello que quiero hablar en este post.
Todos nos hemos sentido alguna vez…varias veces…rebasados por la situación, seal cual fuere, la de cada quien: todos, sin importar quién eres.
Y debo informarte que, eventualmente volveremos a pasar por ello no una sino varias veces, mientras respiremos en este mundo: es parte del contrato de estar vivo.
Se dice que en realidad no importan tanto las circunstancias difíciles que estemos atravezando como nuestra actitud y nuestra forma de afrontarlas, eso es lo verdaderamente importante.
Por ello el título de este post, si bien Dios prometió a Noé y a nosotros dejando como testimonio el arcoiris: “Jamás volverá a haber un diluvio para destruir la tierra” en Génesis 9:11, hay situaciones parecieran diluvios que vienen a destruirnos inundandonos en una intensa frustración, preguntas sin aparentes respuestas, sentimientos de inutilidad y, Dios no lo permita… desesperanza.
Sin embargo, y por contradictorio que parezca, su objetivo NO es destruirnos, en realidad vienen a purificarnos, a limpiar y darnos un nuevo comienzo, tal como el primer y único Diluvio con el cuál Dios reseteó la Creación.
Evidentemente cuando estamos en medio de un “evento canónico” no podemos verlo así, esto se observa y se constata al mirar desde arriba y en retrospectiva, en la calma que viene después de la tormenta.